domingo, 24 de marzo de 2013

Domingo De Ramos

Hacía una mañana bonita. Me subí al taxi rojo y luego al camión azul para ir al tianguis de la Pancho Villa. Me bajé por allá en el Soriana donde vi a una muchachilla de 20 años menudita y bajita. Ganas tuve de echármela al hombro e irme corriendo, o aventarla para arriba y cogerla de bajada como a bebita, pero eso no se hace con gente desconocida.

Vi el gential deambulando, canastillas de fresas a cinco pesos, ropa, chunches varias, pelis piratas, perros que iban en sus asuntos perrunos. Padres e hijos, parejas abrazadas. Mujeres embarazadas. Afuera de la iglesia vendían artilugios de palma. Adentro se oía misa.

Compré mas allá dos vasitos de vidrio propios para servir licor, con capacidad para dos shots.

Me regresé al centro. Afuera de la catedral me hice de una crucecita de palma para ponerla en mi puerta. Dice "JHS" y costó diez pesos. Me compré un pepino con chile y limón que costó veinte pesos.

Entré al Mercado del Piojito, donde vi queso cotija, tamarindo enchilado, estatuillas de la santa muerte, conos de piloncillo; y al poeta Roberto Castillo con las manos en la bolsa y un pié recargado en la pared. Estaba silbando.  Sería?   Se parecía mucho.

Abordé el taxi rojo en la cola que se forma en Cuarta y Constitución. Quedaba solamente un lugar, enseguida de un anciano que llevaba una cubeta blanca vacía y un tufo a no haberse bañado en varios días. Siempre me va mal cuando abordo allí. Es mejor caminar otras dos cuadras para esperar uno que no venga lleno. Muchos taxistas se brincan el sitio  y recogen mas allá.

Irme de México, yo?  NOOOOOOO!  ja ja.














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