lunes, 5 de octubre de 2015

Mi última novia

NO me vuelvo a enamorar totalmente. Para qué? estar enamorado es casi puro sufrir...los momentos de placer se pagan al contado con intereses exorbitantes. Tuve una noviecita. Lulu Larrú, se hacía llamar. Su nombre verdadero era Maria Luisa González Ochoa. Ella vivía en otra ciudad. Las más de las veces que nos vimos ella vino a mi ciudad. Yo fui a la suya en un par de ocasiones . Ella había vivido aqui algún tiempo y le gustaba, especialmente porque el clima es mas llevadero y porque se dan muchos mas eventos culturales que allá en su pueblo. Hasta eso que ella siempre buscaba ampliar sus horizontes culturales.

Cierta vez fuimos a la Casa de La Cultura a ver lo que fuera; que resultó ser una maestra pianista emérita de la Universidad de Xalapa. Llegamos temprano, a tiempo para ver a la profa entrar al escenario vestida de calle para probar el piano y  practicar un poco. Soltarse los dedos. Tocó divinamente durante diez minutos pedacitos de Chopin y de Rachmaninoff, creo. Luego se ausentó un rato, y a las tantas comenzó la noche formalmente:

Se corrió el telón y regresó la pianista vestida de noche. Se arropó con la noche de pi a pa, papá. Tacón alto de charol negro, destellos dorados y toda la cosa. Después de los aplausos de bienvenida, no tocaría ni diez minutos. Empezó a fallar, se le atoraban los deditos. Recomenzaba. Nosotros con la boca abierta. Con un último y rotundo discorde, fastidiada, la maestra se levantó y abandonó el escenario.Ya no regresaría. A lo mejor fue por el gÜiri-gÜiri del público y los teléfonos que sonaban. Bueno.Vamos a cenar, no?

Lulu Larrú me llevó a una cenaduría por la Avenida Mutualismo donde, dijo, conocía a la dueña. Efectivamente la dueña, una rubia jamona, presidía desde la caja a la entrada del restorán. No le hizo mucha fiesta a la Lulu cuando entramos. Se besaron el cachete y punto. Una mesera nos siguió atendiendo.Yo pues cortés y equidistante con la dueña. No me gusta comer de gratis ni con descuento.

Recuerdo la primera vez que fui a recoger a Lulu al aeropuerto. Estaba sentada en la sala de desembarco vestida de morado. No se parecía mucho a sus fotos. Así son los encuentros arreglados a distancia. Fuimos a cenar a un restaurant chino. Luego a dejar su maleta a mi casa, y luego a Café Rock, a ver algunos grupos musicales. Terminamos la velada en un Sanborns escuchando a un mono y su teclado de complacencias. José José y Juan Gabriel. Armando Manzanero.

Simpatiquísima era Lulu Larrú. El alma de cualquier reunión. Protagonista y Primera Actriz de cualquier tertulia. Como había pertenecido muchos años a la Iglesia Adventista se sabía muchos pasajes de la Biblia al dedillo, aunque cuando la conocí frecuentaba la Iglesia Católica. Luego supe que la habían expulsado los Adventistas.

La verdad es que la quise no poco y aún la extraño. Dentro de lo tórrido de nuestro romance, casualmente Freddy el herrero vecino siempre ponía una estación de radio donde tocaban "El Amor Se Acaba" interpretada por José José, con letra sublime de Manuel Alejandro, que hasta acá se oía y bien clarito. Y yo le decía a Lulu, ya ves? el amor se acaba porque llega a ser rutina la caricia mas divina y hasta la belleza enfada. Nos va a llevar la nave del olvido. A veces la extraño pero a estas alturas de mis sesenta años no estoy seguro siquiera de seguir deseando aquel obscuro objeto del deseo, Perseo. O Fernando Rey, el gÜey que está en la foto de arriba.

Una noche estaba yo acostado en su cama y ella estaba abajo en la sala viendo un capítulo de "Cuéntame Cómo Pasó", cuando en la oscuridad tropical de grillos y chicharras sentí un bicho prendido de mi pié, y bajé las escaleras dando alaridos aterrorizado. Cuando llegué a la sala, Lulu con los ojos bien grandotes me miró estupefacta - qué te pasa?! -  hasta que vimos que no traía ningún bicho; era un curita de tela adhesiva que me había puesto y que se me despegaba. JAJAJAJAJAJ! ambos nos carcajeamos. Tiempo después recordarímos jocosamente el suceso en varias ocasiones JAJAJAJAJAJ - AJ!. Lástima que todo lo que compartimos no pudo haber durado más, como dijera Bob Dylan en su canción You're a Big Girl Now.

La vida tiene sus hilaridades, no? permítaseme desviarme tantito para recordar aquella vez que mi segunda esposa y yo fuimos a San Francisco. Habíamos rentado un carrito compacto en el aeropuerto. Ella y su prima enfrente, y yo iba echado en el asiento de atrás, cuando al doblar una esquina aluciné desde esa perspectiva que un poste de la luz se nos venía encima..YAAAAAAAAAAAAAAAARRGGGGGH! me tapé la cara con los brazos esperando el golpazo. Mi esposa se orilló y paró el auto, y ella y su prima me voltearon a ver asustadas QUE?! Ya les dije.

Pero Lulu.... la cosa con ella era que la imagen que presentaba nada tenía que ver con lo que en realidad era. Puros frentes y fachadas. La mentira hecha mujer. Ostentaba un postgrado dudoso en Sicología por la Universidad de Cuernavaca, pero cuando yo le hablaba de Cuernavaca, donde mi abuela vivió las últimas décadas de su vida Lulu no hacía ningún comentario, aunque sobre otras ciudades que en realidad conocía sí comentaba. Muchas veces lo importante no es lo se dice, si no lo que NO se dice.

En misa todos los Domingos, en primera fila o trepada junto al altar como parte del coro, con sus espectacular escote por delante. Yo, claro, en las raras ocasiones en las que voy a misa, me siento en la última hilera. Me gusta pasar desapercibido, aunque luego me molesto cuando se me ignora.

En misa todos los Domingos, pero mezquina de espíritu, deshonesta, y poco caritativa. Como no le tocó la escuelita de monjas, no conoció lo del exámen de conciencia; el viaje de la culpa. Tampoco sus padres se lo inculcaron, evidentemente. Pero su piel morena me provocaba paroxismos. A veces no me aguantaba las ganas de morderle el brazo estuvieramos donde fuera, en el carro, en un restaurant, o caminando por el centro. A-a-a-y! oye!!, y me daba un manazo.

Una vez nos metimos al mar y luego el aceite de coco con el cual la había enbadurnado hizo que le quedara la piel mas renegrida y yo, ay amá. Pasé muchas horas en su compañía encantado de la vida. Solo que luego salía con sus celos malsanos y lo arruinaba todo.

Como cuando le dije que tenía dos amigas de internet del otro lado del mundo. Hizo un berrinche cuando contacté a una de ellas en su presencia. Mas bien mi amiga me saludó en la red. Lulu salió dando un portazo y se perdió por las cuadras cerca de mi casa. Salí a buscarla y batallé para hacerla regresar. No descansó hasta que hizo que ambas amigas me cortaran, acosándolas cibernéticamente.

Lulu carecía de escrúpulos. También creó e instaló un perfil falso de mi hija en conocida red social para estar espiando y haciendo el mal. Por ahi hizo pública una carta de mi primera esposa, tratando de perjudicar su trámite de emigración, pero esa maldad fue en vano, porque mi ex-esposa ya está donde quería estar. Tenía su lado Medusa, Lulu...
Cuando publiqué aqui un blog (" Anoche, a las tres y media..." ) sobre el aventón que le di en motocicleta a una ebria jovencita cierta madrugada invernal, a las horas recibí un correo amenazador, supuestamente del novio de la joven. Qué casualidad. Era Lulu.

Pero también tenía sus cualidades, ella. Era limpísima. Usaba tanto cloro que yo a veces le decía doña Clorilde. Galones y galones de cloro que me hacía trerle. Su cocina siempre estaba albeante de blanca. Excelente cocinera, hablando de cocina. Amaba a los gatos. Punto a su favor. Estoy seguro que tenía varios puntos más que se me olvidan.

Lulu se ganaba la vida dando clases de Archi-análisis; las "enseñanzas" de Leopoldo September, cuya propuesta básica, me dijo Lulu, era recordar diariamente durante cinco minutos algún suceso grato de la niñez. Que con eso, en nueve meses uno estaría libre de traumas. Así de fácil.

Había un célebre dicharacho atribuído al gurú Leopoldo: "No lo uses para estar mal", que Lulu repetía como mantra. En cierta ocasión, ya hacia el final de nuestra relación, caminábamos por el parquecito del Claustro de Sor Juana. Yo había estado metiéndole cizaña, chínguele y chingue durante varias cuadras, desde el Mercado de San Juan, mofándome de sus charlatanerías. No soy monedita de oro tampoco. Ella se lanzó enojada al contra-ataque, que fue cuando le devolví su querida frase "No me uses para estar mal" . Ella reviró con un sonoro CHINGA TU MADRE MIGUEL!!! Hasta unos polis que platicaban media cuadra mas allá voltearon. Otra pareja peleándose. Mientras no se líen a golpes.

Lulu: con todo, si quieres volvemos a echarnos otro round. Pero no. El amor se acaba.






















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