lunes, 3 de enero de 2011

Soñé que

Tijuana estaba en estado de sitio, o que había una revolución, o no se qué, pero era peligrosísimo salir a las calles. Me imagino Barcelona durante la Guerra Civil Española. No me acuerdo de mucho. Entraba a un edificio como palacio mítico con columnas dóricas y pisos de mármol donde me parece que tenía yo un departamento ( ja ja ), y donde habitaba una mujer como de treintaicinco años de la cual yo estaba embelesadamente enamorado. Me le quedaba viendo arrobado. Vestía ella como doncella de cuadro francés de hace cien o cientocincuenta años, una diáfana túnica blanca y sandalias doradas y su diadema con brillantes. Ya se que las doncellas son más jóvenes, pero en fín. Más que cogérmela, quería postrarme a sus pies. Pero también quería cogérmela, no hay que hacernos pendejos. Como galán de canción de Agustín Lara, o de Cuco Sánchez.

Pues un día aprovechando las aguas revueltas, entré a OTRO palacio. Este estaba todo bombardeado y abandonado. En una habitacion, o depacho ahí, me encontré una caja de cigarros puros cubanos casi llena, misma que me llevé conmigo, al subir los escalones de mi palacio, allí en la esplanada frente a las columnas estaba ELLA. Ya saben a quien me refiero. Me le quedé mirando boquiabierto.

"Te robaste esos puros?" -- me preguntó.

"Te los vine a traer" -- Le contesté, a la vez que le entregaba la caja. En realidad yo los iba a guardar para fumármelos uno cada dos semanas, o algo así, pero

( Luego le sigo, porque se soltó el pinche perro...)

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